Violencia ácida deja secuelas psicológicas que pueden durar toda la vida.
- Santiago Gámez

- hace 5 días
- 2 min de lectura
Especialistas advierten que los ataques con sustancias corrosivas no solo provocan lesiones físicas permanentes, sino también un profundo daño emocional que afecta la autoestima, la seguridad y el desarrollo de las víctimas.

La violencia ácida es considerada una de las formas más extremas de violencia de género debido a que busca causar daños físicos permanentes y dejar secuelas emocionales que pueden acompañar a las víctimas durante toda su vida. Además de las múltiples cirugías y tratamientos médicos que suelen requerirse, quienes sobreviven enfrentan un largo proceso de recuperación psicológica.
El tema volvió a ponerse sobre la mesa, tras el ataque de una joven de 24 años en Celaya, Guanajuato.
En Guanajuato, se han impulsando iniciativas para reconocer la violencia ácida como un delito específico y fortalecer la protección de las víctimas. Organizaciones y colectivos han señalado la necesidad de garantizar atención médica, psicológica y acceso a la justicia para quienes sufren este tipo de ataques.
De acuerdo con especialistas en salud mental, las personas que sobreviven a una agresión con sustancias corrosivas pueden desarrollar trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión, ataques de pánico y miedo constante a volver a ser agredidas. Estas afecciones suelen impactar su vida familiar, laboral y social, además de modificar la percepción que tienen de sí mismas.
Especialistas coinciden en que la recuperación emocional requiere un acompañamiento psicológico continuo, así como el respaldo de la familia, instituciones y redes de apoyo.
Expertos señalan que prevenir este tipo de agresiones implica fortalecer la educación para la igualdad, atender las conductas de violencia desde sus primeras manifestaciones y garantizar que las víctimas reciban atención integral para reconstruir su vida en condiciones de seguridad y dignidad.



Comentarios